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Resumen del hombre más rico de Babilonia

 El hombre más rico de Babilonia Capítulo 4: La diosa de la fortuna Si un hombre tiene suerte, es imposible predecir el tamaño de su riqueza. Si lo lanzan al Éufrates, saldrá con una perla en la mano Los habitantes de la antigua Babilonia querían saber si existe algún modo de atraer la suerte y decidieron descubrirlo, eran clarividentes y grandes pensadores, esto explicaba que la ciudad se convirtiera en la más rica y poderosa en su tiempo.  En aquella lejana época no existían las escuelas. Sin embargo, sí que había un centro de aprendizaje muy práctico.  Este edificio era el Templo del Conocimiento, en él, profesores voluntarios explicaban la sabiduría del pasado y se discutían asuntos de interés popular en asamblea abierta. Uno de los hombres que llegaba al Templo del Conocimiento era Arkad, hombre sabio y opulento del que se decía que era el más rico de Babilonia. Existía una sala especial en la que se reunían, casi todas las tardes, un gran número de hombres, uno...

Resumen del hombre más rico de Babilonia

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 El hombre más rico de Babilonia Capítulo 1. El hombre que deseaba oro Este capítulo trata de un hombre llamado Bansir que era un fabricante de carros de la ciudad de Babilonia un día se encontraba desanimado sentado en un muro, su mujer le recordaba que tenía que terminar un carro, porque la comida se les estaba acabando.  Bansir tenía un problema para oír o prestar atención al ajetreo confuso de la ciudad.  Babilonia es una ciudad que tiene una mezcla de suntuosidad y simplicidad.  Kobi el amigo músico de Bansir le pidió prestado dos shekeles pero Bansir no tenía para prestarle, mucho menos tenía para él. Kobi le trató de explicar que debería de estar trabajando y no estar sentando en el muro, Bansir tenía una energía desbordante pero en ese momento estaba decepcionado.  Babilonia es la ciudad más rica del mundo, los viajeros dicen que ninguna otra ciudad la puede igualar, ellos no poseían nada de la riqueza, ellos pasaron la mitad de su vida trabajando arduam...

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