Resumen del hombre más rico de Babilonia

 El hombre más rico de Babilonia

Capítulo 4: La diosa de la fortuna

Si un hombre tiene suerte, es imposible predecir el tamaño de su riqueza. Si lo lanzan al Éufrates, saldrá con una perla en la mano


Los habitantes de la antigua Babilonia querían saber si existe algún modo de atraer la suerte y decidieron descubrirlo, eran clarividentes y grandes pensadores, esto explicaba que la ciudad se convirtiera en la más rica y poderosa en su tiempo. En aquella lejana época no existían las escuelas. Sin embargo, sí que había un centro de aprendizaje muy práctico. Este edificio era el Templo del Conocimiento, en él, profesores voluntarios explicaban la sabiduría del pasado y se discutían asuntos de interés popular en asamblea abierta.

Uno de los hombres que llegaba al Templo del Conocimiento era Arkad, hombre sabio y opulento del que se decía que era el más rico de Babilonia. Existía una sala especial en la que se reunían, casi todas las tardes, un gran número de hombres, unos viejos y otros jóvenes, pero la mayoría de edad madura, y discutían sobre temas interesantes.

Arkad preguntó: ¿De qué vamos a hablar esta tarde?

Me gustaría escuchar algunas opiniones sobre un asunto; sin embargo, no sé si formularlo porque temo que os pueda parecer ridículo, y a vosotros también, mis queridos amigos

- Me gustaría mucho seguir teniendo suerte y como creo que todos los hombres comparten conmigo este deseo, sugiero que hablemos ahora sobre cómo atraer la suerte para que, de ese modo, podamos descubrir las formas que podemos ,emplear para seducirla.                      --Dijo un hombre tenor, es un tejedor. 

Un tema realmente interesante --comentó Arkad. Un tema muy válido. Para algunos, la suerte sólo llega por casualidad, como un accidente, y puede caer sobre alguien por azar. Otros creen que la creadora de la buena suerte es la benévola diosa Ishtar, siempre deseosa de recompensar a sus elegidos por medio de generosos presentes.

-¡Sí, sí! Y todas las veces que sea necesario --dijeron los oyentes impacientes, que cada vez eran más numerosos. 

-Para empezar -prosiguió Arkad-, escuchemos a todos los que se encuentren aquí que hayan tenido experiencias parecidas a la del tejedor, que hayan encontrado o recibido, sin esfuerzo por su parte, valiosos tesoros o joyas. 

Pero a veces hay hombres que ganan grandes sumas -dijo de forma espontánea uno de los asistentes.

-Es cierto, eso ocurre -continuó Arkad-. Me doy cuenta de ello, y me pregunto si el dinero que se gana de este modo aporta beneficios permanentes a los que la fortuna les sonríe de esta manera. Conozco a muchos hombres de Babilonia que han triunfado en los negocios, pero soy incapaz de nombrar a uno sólo que haya triunfado recurriendo a esa fuente. 

Arkad se giró hacia el tejedor. -Ya que has sido tú el que nos has sugerido un debate sobre la suerte, dinos lo que opinas a ese respecto. 

Veo la suerte bajo un nuevo prisma. Creía que era algo deseable que pudiera llegar a cualquier hombre sin que éste realizara esfuerzo alguno. Ahora, soy consciente de que no se trata de un acontecimiento que uno puede provocar. He aprendido, gracias a nuestra discusión, que para atraer la suerte, es preciso aprovechar de inmediato las ocasiones que se presentan. Por eso, en el futuro, me esforzaré en sacar el máximo partido posible de las ocasiones que se me presenten. 

¿Qué opina usted, Arkad? Usted es el hombre más rico de Babilonia y muchos sostienen que también es el mis afortunado. ¿Está de acuerdo conmigo en que ningún hombre puede conseguir un éxito completo mientras no haya liquidado por completo su manía de contemporizar? 

Eso es cierto -admitió Arkad-. Durante mi larga vida, he conocido a hombres que han recorrido las largas avenidas de la ciencia y de los conocimientos que llevan el éxito en la vida. A todos se les han presentado buenas ocasiones. Algunos las aprovecharon de inmediato y pudieron, de este modo, satisfacer sus más profundos deseas; pero muchos dudaron y se echaron atrás.

Arkad se giró hacia el tejedor. 

-Ya que has sido tú el que nos has sugerido un debate sobre la suerte, dinos lo que opinas a ese respecto.

-Has entendido muy bien las verdades a las que hemos llegado con nuestra discusión -respondió Arkad-. La suerte toma a menudo la forma de una oportunidad, pero pocas veces nos viene de otro modo. Nuestro amigo comerciante habría tenido mucha suerte si hubiera aceptado la ocasión que la diosa le brindaba. Nuestro amigo comprador, también habría podido aprovechar su suerte si hubiera completado la compra del rebaño y lo habría vendido consiguiendo un gran beneficio. 

Hemos seguido con esta discusión para descubrir los medios necesarios para que la suerte nos sonría. Creo que vamos bien encaminados. En las dos historias hemos visto cómo la suerte toma la forma de una oportunidad. De todo esto se desprende la verdad, verdad que por muchas historias parecidas que contáramos no cambiaría: la suerte puede sonreíros si aprovecháis las ocasiones que se presentan. 

Los que están impacientes por aprovechar las ocasiones que se les presentan para sacarles el máximo provecho posible atraen la atención de la buena diosa. Siempre se apresura en ayudar a los que son de su agrado. Le gustan sobre todo los hombres de acción. 

La acción te conducirá hacia el éxito que deseas

 A los hombres de acción les sonríe la diosa de la fortuna



Comentario Personal

Muchos le llaman "suerte" pero en mi opinión es Dios quién nos dio la oportunidad que nos pasara, porque nos vio pidiéndole tanto por ese trabajo, por esa persona, por esa oportunidad, etc. Dios nos recompensa por nuestras acciones, también sabe cuanto luchamos para que pase, por ello es que Dios nos permite que se cumpla, sino tenemos a Dios en nuestro camino nos irá mal, siempre lo debemos de tener presente en cualquier situación. 

Lo más importante es agradecerle por ese sueño que teníamos y que él nos permitió cumplir, siempre debemos de agradecerle por lo que hace con nosotros, de igual forma sino nos permite que logremos algo, él sabe por que lo hace, él sabe lo mejor para nosotros y sino era para nosotros es lo mejor, entonces también debemos de agradecerle porque nos salvó de algo que tal vez hubiera pasado. 


Capítulo 5. Las cinco leyes de oro

Arkad le preguntó:-Si pudieras escoger entre un saco lleno de oro y una tablilla de arcilla donde estuvieran grabadas unas palabras llenas de sabiduría, ¿Qué escogerías?

-El oro, el oro -respondieron los veintisiete presentes. El viejo Kalabab, que había previsto esta respuesta, sonrió. 

Exactamente igual que los hijos de los hombres. Dadles a escoger entre el oro y la sabiduría: ¿Qué hacen? Ignoran la sabiduría y malgastan el oro. Al día siguiente, gimen porque ya no tienen oro. El oro está reservado a aquellos que conocen sus leyes y las obedecen. 

-Porque me habéis servido fielmente durante nuestro largo viaje, porque habéis cuidado bien de mis camellos, porque habéis trabajado duro sin quejaros a través de las arenas del desierto y porque os habéis enfrentado con valentía a los ladrones que han intentado despojarme de mis bienes, esta noche voy a contaros la historia de las cinco leyes del oro, una historia como jamás habéis escuchado antes. 

¡Escuchad, escuchad! Prestad mucha atención a mis palabras para comprender su significado y tenerlas en cuenta en el futuro si deseáis poseer mucho oro.

 Hizo una pausa impresionante. Las estrellas brillaban en la bóveda celeste. Detrás del grupo se distinguían las descoloridas tiendas que habían sujetado fuertemente, en previsión de posibles tormentas de arena. Al lado de las tiendas, los fardos de mercancías recubiertos de pieles estaban correctamente apilados. Cerca de allí, algunos camellos tumbados en la arena rumiaban satisfechos, mientras que otros roncaban, emitiendo un sonido ronco. 

-Ya nos has contado varias historias interesantes, Kalabab -dijo en voz alta el jefe de la caravana-. En ti vemos la sabiduría que nos guiará cuando tengamos que dejar de servirte. 

-Os he contado mis aventuras en tierras lejanas y extranjeras, pero esta noche voy a hablaros de la sabiduría de Arkad, el hombre sabio que es muy rico. 

-Hemos oído hablar mucho de él -reconoció el jefe de la caravana-, pues era el hombre más rico que jamás haya vivido en Babilonia. 

Entonces nos contó la historia de la gran sabiduría de Arkad, su padre, la misma que voy a contaros.

Como sabéis, según la costumbre de Babilonia, los hijos de los ricos viven con sus padres a la espera de recibir su herencia. Arkad no aprobaba esta costumbre. Así pues, cuando Nomasir tuvo derecho a su herencia, le dijo al joven:

“Hijo mío, deseo que heredes mis bienes. Sin embargo, debes demostrar que eres capaz de administrarlos con sabiduría. Por tanto, quiero que recorras el mundo y que demuestres tu capacidad de conseguir oro y de hacerte respetar por los hombres.

“Para que empieces con buen pie, te daré dos cosas que yo no tenía cuando empecé; siendo un joven pobre, a 0tnasar mi fortuna. 

“En primer lugar, te doy este saco de oro. Si lo utilizas con sabiduría, construirás las bases de tu futuro éxito.

“En segundo lugar, te doy esta tablilla de arcilla donde están grabadas las cinco leyes del oro. Sólo serás eficaz y seguro si las pones en práctica en tus propios actos. 

“Dentro de diez años, volverás a casa de tu padre y darás cuenta de tus actos. Si has demostrado tu valor, entonces heredarás mis bienes. De no ser así, los daré a los sacerdotes para que recen por mi alma y pueda ganar la buena consideración de los dioses. 


LAS CINCO LEYES DE ORO

I. El oro acude fácilmente, en cantidades siempre más importantes, al hombre que reserva no menos de una décima parte de sus ganancias para crear un bien en previsión de su futuro y del de su familia. 

II. El oro trabaja con diligencia y de forma rentable para el poseedor sabio que le encuentra un uso provechoso, multiplicándose incluso como los rebaños en los campos. 

III. El oro permanece bajo la protección del poseedor prudente que lo invierte según los consejos de hombres sabios.

IV. El oro escapa al hombre que invierte sin fin alguno en empresas que no le son familiares o que no son aprobadas por aquellos que conocen la forma de utilizar el oro.    

V. El oro huye del hombre que lo fuerza en ganancias imposibles, que sigue el seductor consejo de defraudadores y estafadores o que seña de su propia inexperiencia y de sus románticas intenciones de inversión.

“Estas son las cinco leyes del oro tal como mi padre las escribió. Afirmo que son mucho más valiosas que el mismo oro, como demuestra la ría.  


Leyes más importantes

Las leyes que me parecen más importantes son:

1. El dinero se encuentra fácil, para el que sabe administrarlo, claro, no siempre será mucho, pero sabiendo como invertirlo sé convertirá en más, igual hay que ver el futuro y como se utilizará en la familia.

3. El dinero siempre debe estar bien guardado, que nadie más lo pueda agarrar y también hay que escuchar los consejos de personas que sepan del tema.

5. El dinero se va cuando las personas no saben como invertir y generar más, también lo ponen en manos de personas que en algún momento los estafan y por lo tanto pierden todo. 


Capítulo 6. El prestamista de oro de Babilonia

¡Cincuenta monedas de oro! El fabricante de lanzas de la vieja Babilonia nunca había llevado tanto oro en su bolsa de cuero. Volvía feliz caminando a grandes zancadas por el camino real del palacio. El oro tintineaba alegremente en la bolsa que colgaba de su cinturón y se movía con un suave vaivén cada vez que daba un paso, era la música más dulce que jamás hubiera oído. 

¿Qué haría con ellas? Aquella noche, mientras tomaba una calle transversal y apresuraba su paso hacia la casa de su hermana, no podía pensar en otra cosa más que en esas pesadas y brillantes monedas que ahora le pertenecían. 

Unos días más tarde, al ponerse el sol, Rodan entró perplejo en la tienda de Maton, prestamista de oro y mercader de joyas y de telas exóticas. Sin fijarse en los atractivos artículos que estaban ingeniosamente dispuestos a ambos lados, cruzó la tienda y se dirigió a las habitaciones de la parte posterior. Encontró al hombre que buscaba, Maton, tendido en una alfombra y saboreando la comida que le había servido su esclavo negro.  

-Me gustaría pediros consejo porque no sé qué hacer. 

Rodan estaba de pie con las piernas abiertas y por debajo de la chaqueta de cuero entreabierta se adivinaba su pecho velludo.

-¿Qué necedades habrás cometido para venir a pedir los favores del prestamista de oro? ¿Has tenido mala suerte en el juego? ¿Acaso alguna mujer te ha desplumado hábilmente? Desde que te conozco, nunca has solicitado mi ayuda para resolver tus problemas. 

No, no, nada de eso. No busco oro. He venido porque espero que puedas darme un sabio consejo. 

-¡Escuchad, escuchad lo que dice este hombre! Nadie viene a ver al prestamista de oro para que le dé un consejo. Mis oídos me están jugando una mala pasada. 

-Oyen correctamente. 

-¿Cómo es posible? Rodan, el fabricante de lanzas, es más astuto que nadie. Por eso visita a Maton, no para pedirle que le preste oro, sino para pedirle consejo. 

Hay muchos hombres que vienen a pedirme oro para pagar sus caprichos pero no quieren que los aconseje. Pero, ¿Quién mejor que el prestamista para aconsejar a los muchos hombres que acuden a él?

 Comerás conmigo, Rodan -continuó diciendo-. Esta noche, tú serás mi invitado. ¡Ando! ordenó a su esclavo negro, extiende una alfombra para mi amigo Rodan, el fabricante de lanzas, que ha venido para que le aconseje. Será mi invitado de honor. Tráele mucha comida y el mejor vino para que se complazca en beber.   

Intenta asociarte con hombres hábiles y emprender negocios cuyo éxito esté asegurado para que tu tesoro salga ganando y esté en lugar seguro gracias a vuestra astucia y experiencia.

De este modo, evitarás las desgracias que acompañan a la mayoría de los hijos de los hombres a quienes Dios confía el oro.

Cuando Rodan quiso agradecerle su sabio consejo, éste no le escuchó y dijo: El regalo del rey te procurará mucha sabiduría. Si guardas las cincuenta monedas de oro, tendrás que ser discreto. Tendrás tentaciones de invertir en muchos proyectos. Te darán muchos consejos. Tendrás muchas oportunidades de obtener grandes beneficios. Antes de prestar ninguna moneda de oro, tienes que asegurarte de que te será devuelta. Si quieres más consejos, vuelve a visitarme. Te los daré gustosamente.

Antes de irte, lee lo que grabé en la tapa del cofre. Se puede aplicar tanto al prestamista como al que pide el dinero prestado. 

Vale más prevenir que curar.


Más vale prevenir que curar

Es mejor agarrar buenos consejos y hacer las cosas bien, porque después llegan las consecuencias que no podemos evitar, y será casi imposible que lleguen a remediarse. Debemos ser precavidos, estar seguros de lo que hacemos y saber que todo lo que hacemos está correcto para que no pase a mal.

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